30 de mayo de 2011

Epifanía

Dicen que los milagros y las revelaciones les ocurren solo a los atribulados y compungidos. A quienes en un momento de la vida se encuentran desesperados por haber perdido el rumbo y no encontrar el camino. Cómo estaré de atormentado y desilusionado con lo que le está pasando al Partido Verde que anoche mi sufrimiento me llevó a experimentar el milagro de la revelación. Para calmar mis dudas y penurias se me presentó anoche, entre sueños, el espíritu de nuestro máximo líder. 

La ironía es que quien vino a mí para sanar las heridas no fue quien yo estaba esperando: no fue aquel que nos mantiene repitiendo mantras en lugar de darnos discursos políticos, el que vive hablando de cosas sagradas que a la mayoria tan poco importan. No fue el maestro -el gurú-  Antanas Mockus el protagonista de esta epifanía. En su lugar vino la cabeza visible de ésta, nuestra iglesia. Aquel maestro del pragmatismo y la realpolitik, campeón del "al son que me toquen bailo", Lucho Garzón.

Estábamos sentados en dos sillones viejos en torno a una mesa baja y austera, de madera -de carpintero-, sobre la cual había solamente dos copas de aguardiente que nunca necesitaron ser rellenadas a pesar de que bebimos de ellas copiosamente. Lucho no estaba borracho, ni yo tampoco, pero el ambiente era lo suficientemente distendido como para tener una conversación política franca y sin tapujos.  Extrañamente estábamos rodeados de niños que jugaban "A la rueda rueda de pan y canela...". No sé si esto sea una alusión a mi creencia de que son las redes ciudadanas y las juventudes del Partido Verde las que construirán un futuro mejor o si su presencia simplemente hace parte del mundo surrealista en el que ocurren los sueños. Pero no me ocuparé de ello. Ya tendrán tiempo los estudiosos interpretadores de milagros para explicar su presencia. Yo simplemente, como profeta eficiente y responsable, me atendré a difundir la sabiduría que me dejó esta revelación de nuestro líder y contaré los hechos tal cual como sucedieron.

Sentado a la mesa, afligido, desorientado, un poco desesperado, pregunté al maestro:

"Por qué con la U? Si usted me dice, vamos a hacer una alianza en Bogotá con el Partido Liberal, con Cambio Radical, tal vez yo no tendría este dolor permanente en el pecho. O si nos vamos con el Polo, o con los conservadores...bueno, con el Polo o los conservadores tal vez sí tendría el mismo dolor, pero...Por qué con la U? Hay algo que no entiendo, Lucho. Acaso qué nos une ideológicamente al Partido de la U para buscarlos con tanto empeño? Acaso qué nos aportan?"

"Votos, mi querido.... Votos." Me contestó - me desarmó- con esa media sonrisa socarrona que a tantas hace suspirar. "Quien no obtiene votos no gana elecciones, y no llega al poder. Así de simple."

"Pero Lucho, y NOSOTROS? Donde queda todo ese trabajo de la gente, ese gran esfuerzo por construir una ideología, un programa, unos PRINCIPIOS?! Donde quedan los sueños de construir un partido político libre de corrupción, honesto y éticamente coherente?" le dije ya algo exaltado. "Acaso no somos diferentes?"

Lucho rió. Completamente distendido, tranquilo, con la enorme seguridad que da la sabiduría, jugando con la copa de aguardiente en la mano, me presentó su revelación. 

"Camilo, no se engañe.  En Colombia no hay partidos políticos.  Cuál es la diferencia entre los liberales, los conservadores, los del Polo, los de la U, los de Cambio Radical, por nombrar sólo a los más conocidos? Hay alguna diferencia en ideología? Conocen sus votantes y seguidores sus programas? Sus propuestas? Le apuesto a que no las han visto ni una sola vez. Hablan de cómo las cumplirán? Tampoco. Acaso el presidente Uribe, por poner un ejemplo, el GRAN ejemplo, no empezó como liberal para convertirse en el más conservador de los conservadores, líder natural del partido de la U pero ejemplo a seguir y a abandonar por Cambio Radical? No va para allá el presidente Santos con la unidad nacional? O acaso la U no gobernó con el Polo en Bogotá? Qué tienen en común estos dos partidos, más que las ansias de repartirse el botín que son las arcas públicas? Porque fueron cómplices, protagonistas del saqueo... así ante la opinión se presenten como grandes contradictores.

Camilo, usted todavía está muy joven y tiene mucho que aprender. A pesar de sus treinta y pocos años todavía es muy idealista y cree que la política y los partidos se construyen en torno a las ideas.  Esto no se trata de ideologías, ni de modelos de desarrollo, ni de construir un Estado más o menos grande, ni de planes a largo plazo. Esto no se trata de socialismo, capitalismo o comunismo, ni de construir partidos políticos ni de ayudar a desarrollar el país para ofrecerle un mejor futuro a la gente. Ni siquiera se trata de combatir el terrorismo. Eso es solo la última estrategia de mercadeo.

Aqui lo que vendemos es promesas.  Decimos lo que la gente quiere oír, y en el momento en que se llega al poder, pues listo!  Nos repartimos lo que haya que repartirse y nos hacemos pasito. Con eso todos pagamos nuestros guardaespaldas y el colegio de nuestros hijos y dejamos tres o cuatro años para que la gente olvide lo que prometimos. Para eso son los guardaespaldas. Por si les da por acordarse y cobrarnos lo que prometimos.

En fin. La estrategia es sencilla: cogemos lo que podemos y le damos un pedacito de la tajada a los otros partidos. Luego en las siguientes elecciones ganarán ellos, les tocará tajada grande y a nosotros nos darán lo que nos corresponde. No hay más diferencia que eso."

Quedé atónito ante la contundencia de sus palabras. De nuevo la media sonrisa y el halo celestial que lo rodeaba, la copa de aguardiente que se llevaba a la boca y la canción de los niños.  A la rueda de rueda... Siempre la misma canción. Una y otra vez. Siempre lo mismo. A la rueda rueda.

Me desperté sobresaltado. No todos los días se tiene una revelación. Busqué el computador y empecé a escribir esta entrada en el blog. Tenía que difundir el mensaje. Y mientras lo hacía reflexionaba - con tristeza y desesperanza - escribía. La sabiduría de Lucho era incontrastable. Su tranquilidad, su seguridad, su contundencia. La historia lo respalda. Hemos vivido gobernados por pícaros vendedores de promesas siempre. No tenemos proyectos a largo plazo. No exigimos proyectos a largo plazo. Nos regalamos al mejor postor, al que hable más dulce y al que nos dice lo que queremos oír, o en determinado caso al que nos ofrece un mercado, un tamal, o un metro que no pudo construir.

Y mientras brotaban las palabras encontré una inconsistencia en su discurso. Si soy tan joven e inexperto, cómo es posible que me haya levantado un lunes festivo a las seis de la mañana a escribir un blog sobre política? Eso solo lo hacen los viejos! 

Y empecé a pensar y a recordar mis otros sueños: la Ola Verde, las redes ciudadanas, los flash mobs, los jóvenes en la campaña, el compromiso de la gente, las conversaciones con los amigos, la indignación, las ganas de cambiar y de construir un mejor país, de hacer planes a largo plazo. Recordé las alcaldías de Antanas Mockus, con sus mimos, sus jornadas pedagógicas y su ímpetu de cambio, que nos contagió a todos. Recordé la alcaldía de Enrique Peñalosa (el que todavía no se había perdido en las redes de la realpolitik) con sus alamedas, bibliotecas, parques y ciclorutas, su día sin carro y su sueño loco de hacer del club del Country un parque público.  No recordé la alcaldía de Lucho. Eso sí habría sido un milagro, pues cuando fue alcalde yo ya no vivía en Bogotá.  En su lugar, decidí recordar esta frase de Eleanor Roosevelt:

"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños".

Yo creo en la belleza de los míos. Y no creo en milagros. El futuro nos pertenece, pero requerirá mucho, muchísimo trabajo.  Un partido político que traiciona sus ideales a poco más de un año de haber sido formado tal vez no sea el camino para alcanzarlos. Un partido político con la fuerza suficiente para obligar a sus líderes a reconducir el camino antes de que sea demasiado tarde merece toda la esperanza.

Esta noche me uniré a la Ola Verde y me le presentaré a Lucho (y a Peñalosa) en sueños, milagrosamente, para ofrecerles esta revelación. Todavía están a tiempo de corregir el rumbo. Ser fieles a los principios será la única manera de ganar la alcaldía. Pero más importante, será la única manera de construir un partido político, de esos que en Colombia no existen.

Espero que ellos sí crean en milagros.



23 de mayo de 2011

Se acabó el Partido Verde, pero La Ola sigue

Hace algo más de un año empezamos a encontrarnos. Miles, millones de personas, en su mayoría jóvenes, buscando un cambio en la política colombiana. Creímos en el programa y el ideal que nos ofreció el Partido Verde en las elecciones presidenciales, y a pesar de que muchas veces se hizo evidente que la Ola era más grande que sus dirigentes, los acompañamos hasta el final. Y los acompañamos porque compartíamos los mismos objetivos, los mismos sueños, pero sobre todo, los mismos principios. Eso se acabó. El Partido Verde oficializó hoy el comienzo de un dialogo programático con el Partido de la U para ir en alianza por la Alcaldía de Bogotá. Y al hacer eso traicionó esos principios que nos unieron. Traicionó a la Ola.

Algunos dirán que esta reacción es demasiado radical y sectaria. Por el contrario, es la única reacción posible frente a tan grande incongruencia. Y es que al interior de la Ola reflexionamos, pensamos y nos preguntamos:

Si "La Vida es Sagrada", como sentarnos a la mesa con el partido político responsable de los Falsos Positivos?

Si "Los Recursos Públicos son Sagrados", cómo vamos a cogobernar con el partido responsable por Agro Ingreso Seguro, el desfalco a la Dirección Nacional de Estupefacientes, el tráfico de Notarías buscando la reelección, entre muchos otros? Cómo nos preciamos de ser honestos por encima de todo, pero nos fusionamos con el partido que apoyó a Samuel Moreno en todas las iniciativas que desangraron Bogotá? (hablo del Partido de la U, que estaba en "Alianza Programática" con el Polo Democrático para robarle a la capital hasta el último centavo).

Si estamos convencidos de que "No Todo Vale", por qué traicionamos nuestros principios por unos pocos votos más?

El Partido Verde traicionó sus principios, y al hacerlo se bajó de la Ola. Pero la Ola sigue.

Este es un llamamiento a la Ola. Esa que hace no mucho tiempo fue la Ola Verde, pero que de ahora en adelante se conocerá simplemente como la Ola. Sigamos juntos. Ha sido una suerte encontrarnos y hemos trabajado muy duro para construir esto. No lo vamos a dejar perder por la falta de criterio de un puñado de dirigentes ciegos de poder. Este es un llamamiento a que sigamos caminando juntos deliberando, pensando, escogiendo a los líderes que nos han de representar. Exactamente eso fue lo que hicimos la primera vez y podemos seguirlo haciendo. Nuestros dirigentes nos han dejado claro que no es tarea fácil encontrar un líder en el cual podamos confiar, pero nosotros también les hemos dejado muy en claro que somos capaces de hacer mucho más de lo que ellos se imaginan.

El de hoy es un golpe duro, y muchos nos sentiremos indignados, desorientados y desesperanzados. Pero no podemos desfallecer. De esa manera ganan ellos. En cambio si luchamos, seguimos juntos y perseveramos, encontraremos en un futuro, ojalá no muy lejano, esa luz al final del túnel.

Por ahora les propongo que nos reconozcamos como miembros de La Ola.  Cambiemos los hashtags de twitter: se acabó la #olaverde y llegó #laOla o la #OlaColombia. Rearmemos nuestros grupos de facebook con referencia a "La Ola". Volvemos a organizarnos, como hace algo más de un año, pero esta vez más fuertes y más convencidos. Seguimos juntos, más que nunca. Somos un monstruo sin cabeza que busca líderes que lo representen. Los invitamos a que nos seduzcan.  Somos el país del futuro que no se resigna a perder frente a la política del pasado.


17 de mayo de 2011

4 de abril de 2011

IMPUNITY

*escrito para Express News UK

El jueves pasado fui al Institute of Contemporary Arts de Londres a ver “Impunity”, un documental de Hollman Morris y Juan José Lozano, que hacía parte del Festival de Cine organizado por Human Rights Watch en esta ciudad. 

Hollmann Morris es un periodista muy conocido en Colombia, polémico, valiente defensor de las víctimas de los paramilitares y con una incansable capacidad de denuncia. Por esta razón ha sido estigmatizado y señalado, acusado, entre otros por el expresidente Uribe, de ser auxiliador de la guerrilla, cómplice de los terroristas y bandidos.

Intentando no tomar partido en esta disputa pero conociendo la imagen de Morris en Colombia fui a ver la película: buscaba un testimonio radical, una acusación extrema y un dedo señalador. Iba sediento de polémica. Sin embargo me encontré con un documental mesurado, terriblemente desgarrador por la neutralidad con que cuenta los hechos. Los documentalistas generosamente se han guardado sus opiniones y han abierto un espacio para que las víctimas y los victimarios, los verdaderos protagonistas, narren su historia. Han dejado de lado la polarización y han construido un documento indispensable para un país que aspira a salvaguardar un mínimo de memoria.

La historia de los paramilitares es ampliamente conocida.  Hace más de 50 años, y paralelamente con el fortalecimiento de los diferentes grupos guerrilleros que iban creciendo en Colombia, se fueron creando pequeñas organizaciones de seguridad privada cuyo fin era combatir y resistir los ataques de los delincuentes de izquierda. Eran organizaciones legales, cobijadas por la ley desde 1968, cuyo objetivo era el entrenamiento militar de civiles con el fin de combatir la violencia guerrillera. Una solución patrocinada primordialmente por políticos, terratenientes, ganaderos, bananeros y multinacionales -principales víctimas de la insurgencia, y apoyada por el Ejército colombiano con el permanente amparo de los omnipresentes norteamericanos.

Con el paso de los años se intensificó el poder, la barbarie y la violencia guerrillera. Igualmente fueron creciendo y volviéndose más poderosos estos grupos de seguridad privada.  Algunos de ellos en los limites de la legalidad  y otros abiertamente ilegales, los grupos de autodefensa fueron creciendo y fortaleciéndose, generando una estructura militar importante y un músculo económico significativo (derivado tanto del apoyo de las grandes empresas como de los enormes caudales de dinero del narcotráfico).

Luego en los años 90, especialmente bajo el gobierno de Ernesto Samper y con el incansable aliento del entonces gobernador de Antioquia - Alvaro Uribe Velez, Colombia le dio otro espaldarazo a este modelo con la creación de las CONVIVIR, grupos de seguridad privada encargados de mantener el orden en regiones apartadas donde no existía seguridad proveída por el Estado.

Llegó 1997, y la Corte Constitucional estableció que es contrario a nuestra Constitución proveer de armas a la población civil para que asuma el papel de control y defensa que debe monopolizar el Estado. La fachada legal de las autodefensas se cayó pero siguieron -cada vez más salvajes- las masacres, las decapitaciones y desmembramientos, las desapariciones forzadas, el desplazamiento de pueblos enteros... la barbarie cuya principal víctima fue y es una población civil desprotegida que se encuentra en medio de la más sangrienta guerra.

“Impunity” desnuda lo ocurrido en Colombia durante el reciente proceso de desmovilización de estos grupos paramilitares, que ocurrió bajo el mandato presidencial de Álvaro Uribe a partir de la promulgación de la ley 975 de 2005, denominada Ley de Justicia y Paz. Un proceso presentado por el gobierno como un inigualable éxito, como un paradigma mundial de justicia y reparación, como el fin de los paramilitares en Colombia.

Morris y Lozano, a través de la voz de las víctimas, de los victimarios, de los impulsores y de los detractores del proceso, han abierto un espacio al país para que hable, para que nos cuente y nos muestre la verdadera historia - esa enorme y terrible realidad que la mayoría de los Colombianos hasta ahora nos hemos negado a ver. Un documento histórico indispensable para ese país de hoy, que poco a poco está descubriendo que los paramilitares no se desmovilizaron: siguen ahí, operando bajo otro nombre. Un referente imprescindible para ese país del mañana, que aspira a salir de este conflicto con un mínimo de dignidad.

La sociedad Colombiana en los últimos años ha adquirido una enorme y maravillosa capacidad para indignarse y rechazar la crueldad de la guerrilla, pero parece haber decidido hacer la vista gorda frente a su contraparte paramilitar.  Es hora de cambiar. Es hora de proveer a todas las víctimas, sin importar quién haya sido su victimario, un mínimo de reconocimiento y un mínimo de dignidad. Es hora de darnos la oportunidad a todos los Colombianos de alcanzar la verdadera justicia y paz que tanto anhelamos, y esto sólo se logrará conociendo la verdad.  Este documental es un paso en esa dirección: la dirección correcta.

Este es el trailer de la película:


23 de marzo de 2011

Qué es la Ola Verde?

- Y al final de esta charla haré pública, hoy por primera vez, mi interpretación sobre lo que fue la Ola Verde en las pasadas elecciones - dijo Antanas al hacer la introducción a su charla "Confianza y Educación: una salida a la Corrupción".



Tengo que aceptar que estaba muy emocionado. Era la primera vez que lo veía en persona después de la campaña verde.  Lo había visto un par de veces antes en alguna charla, hace más de ocho años, cuando todavía estaba lejos de saber la importancia que adquiriría la política en mi vida, aunque en ese tiempo ya sentía una increíble admiración por él y por lo que había hecho con Bogotá. Por fin iba a enfrentar a ese personaje que tanto me inspiró, que me motivó a involucrarme a ciegas en ese "salto al vacío" que fue la campaña verde, que me hizo creer que era posible vencer a la política tradicional armados simplemente de honestidad y buenas intenciones. El mismo que me puso a sufrir en los debates, esperando una nueva metida de pata que siempre llegaba, que me desilusionó con su "no discurso" electoral al terminar la primera vuelta y que me hizo terminar de perder las esperanzas al desaparecer del panorama político nacional después de la derrota electoral de hace casi un año. Por fin me encontré con aquel  “director del departamento de autogoles” de la pasada campaña verde, que tanta admiración me produce.

Transcurrió la charla, maravillosamente Mockusiana - llena de argumentos, anécdotas, enseñanzas, teorías, y al mismo tiempo imposible de seguirle el hilo porque comenzaba a decir una cosa y terminaba en otra, se perdía una y otra vez entre filósofos, mimos, historias bogotanas e irreverencias, mientras los asistentes, oscilando entre la concentración absoluta y algunas risas nerviosas, nos entregábamos por completo a su carisma, a su honestidad y transparencia, a su fragilidad y a la voz entrecortada cuando contaba una anécdota que lo emocionaba. 

Por fin llegó la hora del análisis de lo que fue la Ola Verde. Mi conclusión, después de oir lo que tenía por decir Antanas y no encontrar ninguna respuesta, es que tal vez él aun no está seguro de cual fue y es el papel de la Ola Verde, del Partido Verde y sus dirigentes, ni tal vez del suyo propio como líder de todo esto en el contexto actual Colombiano.

Tal vez no encontré las respuestas que buscaba, pero para mí asistir a esta charla y cruzar un par de palabras con él (además de tomarme la foto para la posteridad - y para alegría de mi esposa) fue una oportunidad para preguntarme exactamente esto que Antanas no supo o no quiso explicar:

Qué es la Ola Verde?
Por eso decidí escribir esta patada de ahogado...para aventurar una teoría al respecto del papel y el significado de Antanas, del Partido y de la Ola Verde para nuestro país. Una teoría incipiente, gestada en un pub, hablando con los amigos, en torno a un par de cervezas, pero que quisiera discutir con ustedes.  

En este contexto informal me vino el recuerdo de los días de elecciones (primera y segunda vuelta). Las mesas de votación organizadas en el perímetro del salón, divididas por número de cédula ascendente (o descendente, depende desde dónde se mire), lo que implicaba que los más jóvenes votaban en un extremo y los mayores en el otro. Recuerdo que en las mesas más jóvenes se votaba con una gran sonrisa en la cara, emocionados, con gusto e irreverencia: Era una fiesta (democrática). En el otro extremo se votaba con seriedad y aplomo; se sentía la responsabilidad histórica de elegir el próximo presidente. Era una contienda (democrática también) No fue de extrañar que en las mesas más jóvenes barriera el candidato verde, mientras en las mayores los resultados fueran más parejos (de todas manera en Londres, al igual que en el resto de Europa, ganó ambas vueltas el Partido Verde con más del 50%. Qué tendrá la distancia que nos permitió soñar?).   Recordé también los días previos,  las camisetas, los flash mobs, los volantes, la ilusión, los “No Todo Vale”, “La Vida es Sagrada” y los “Recursos Públicos Son Sargados”..pero sobre todo recordé un eslogan pegajoso y persistente: 
“Mi Profesor: Mi Presidente”
Comprendí por qué cuando me dirigí a hablar con él después de la charla no le llamé Antanas. De mis labios brotó la palabra “profe”, a pesar de no haberla usado nunca antes al referirme o dirigirme  a él. Era la única palabra posible -“profe”.
La Ola Verde no fue un fenómeno electoral pasajero. La Ola Verde fue el comienzo de un cambio cultural profundo en la juventud de nuestro país, liderado, como no,  por “un profe” . La Ola Verde fue el nacimiento público de una juventud que está dispuesta a jugársela por la honestidad. Una juventud anónima que le apuesta a la educación, a la esperanza, a la lucha frontal contra la corrupcion, el verdadero cáncer que está matando a nuestro país.
Esta nueva juventud no está representada por Tomás y Jerónimo Uribe, ni por los primos Nule - símbolos nuevos de una generación obsoleta que se compró el discurso de la desesperanza y los viejos vicios. Esta nueva juventud es la de miles de anónimos que salieron a las calles en las pasadas elecciones armados de girasoles, cámaras de video y camisetas verdes, cantando, bailando y luchando por la vida, la convivencia, la cultura, el respeto, la integridad. Es la juventud que se da el lujo de creer que el hombre fuerte que necesita su país es uno capaz de llorar al dar sus discursos.

La Ola Verde es la nueva juventud, convencida de que la Confianza y Educación son la salida a la Corrupción". Y Antanas Mockus es su líder inspirador.
--


Vuelta al pub:

“Colombia no estaba preparada para un presidente como Antanas. Es más, creo que en cincuenta años Colombia todavía no estará preparada para un presidente como él. Es una lástima, pero el tipo está demasiado adelantado a su tiempo” me dijo uno de mis grandes amigos y mayores contradictores (en cuanto a fútbol y política).

Yo creo que hay hombres destinados a pasar al olvido. Otros estarán destinados a ser presidentes (con frecuencia son los mismos que los anteriores). Pero hay otros que están destinados a cambiar el rumbo y la historia de un país. Y estoy convencido de que entre estos últimos está Antanas Mockus.

Apostémosle a esa nueva juventud, que en tres, en siete, en once o en quince años ya seremos mayoría a la hora de votar y decidiremos quién llega a ser presidente. Es hora de comenzar por estructurar las JUVENTUDES VERDES.

Esa es mi apuesta - la Ola Verde hasta ahora nace, en unos años seremos mayoría y le vamos a cambiar la cara al pais. Cuento con Antanas para liderar este cambio, y él ya sabe que puede contar conmigo para apoyarlo....

13 de septiembre de 2010

La Obediencia

Hace algunos años fui profesor de colegio. Asumí el reto de ayudar a educar a una nueva generación cuando tenía apenas 23 años y ni siquiera sabía cómo educarme a mi mismo.  Fue una experiencia maravillosa, llena de satisfacciones y frustraciones, pero sobre todo, llena de enseñanzas.  Fueron dos años que me marcaron (positivamente) para toda la vida y por los cuales siempre estaré agradecido*.

Recuerdo que alguna vez, en medio de la frustración que conlleva enseñar a adolescentes -quienes por naturaleza tienden a ir en contra de las normas establecidas-, tuvimos una conversación entre algunos profesores.  Discutíamos acerca de la obediencia.

Qué podemos hacer los profesores para mejorar el comportamiento de los estudiantes? Cómo combatir la frustración de lidiar con tantos adolescentes cuando (tan frecuentemente) optan por saltarse las normas? Será el castigo la mejor solución?

En mi clase opté por intentar explicar a mis alumnos el por qué de las normas, en lugar de apelar solamente al castigo por incumplirlas. Siempre he creído que las reglas no se crean por capricho y no aparecen de la noche a la mañana, sino que son acuerdos de convivencia indispensables para poder vivir juntos en este mismo mundo y que deben tener alguna lógica subyacente.  Para mí, personalmente, es indispensable entender esta lógica: entender el por qué.  Y creo que si no soy capaz de entender alguna regla en especial y me cuesta cumplirla, algo debe estar mal con ella, y la solución es hacer mi mejor esfuerzo para cambiarla.  Me someto a ella mientras cambia, pues es un acuerdo social existente que debe ser respetado por cuestiones prácticas -para evitar el caos-, pero hago todo lo posible por modificarla, pues aquella regla no funciona para mi.  ( En esta categoría entran hoy en día situaciones como la prohibición de las drogas o la extrema burocracia gubernamental, entre otras muchas.)

Recuerdo que en aquella conversación este enfoque recibió algunas críticas. Me sugirieron que “perdía” mucho tiempo de clase en la labor de explicar las reglas. Había otros profesores mucho más experimentados, más eficientes, en cuyas clases los alumnos se comportaban de mejor manera y no perdían tanto tiempo en cuestiones disciplinarias.  Aquellos profesores se imponían desde un primer momento, hacían valer su posición, y sus alumnos se comportaban adecuadamente, simplemente “entendiendo” que las normas son para cumplirlas.

Algo había de cierto.  Normalmente daba demasiada cantaleta en clase.  A veces, por estar teniendo este tipo de conversaciones, no me alcanzaba el tiempo para cubrir el tema propuesto en el programa. Pero para mí esto siempre fue secundario pues mi labor central era la de educar, y creía que este tipo de discusiones serían mucho más útiles a mis alumnos en el largo plazo que el alcanzar a hacer tres o cuatro ejercicios más del libro de gramática.  Además, las discusiones las teníamos hablando en inglés, con lo cual justificaba el nombre del curso que dictaba.  En cuestiones prácticas era ineficiente,  tenía que confrontar más casos de indisciplina y alcanzaba altísimos niveles de frustración. Pero para mí era una cuestión personal, de cómo entiendo yo la vida y de la importancia que le doy a entender las normas, más que a cumplirlas.

Hace un par de días, siguiendo una recomendación hecha por Hector Abad en su columna de El Espectador, me encontré con el experimento de Milgram sobre la obediencia a la autoridad.  He puesto los tres videos mostrando el experimento al final de esta entrada.

Despues de verlos quedé aterrorizado, al igual que el narrador de la historia.  Ver gente normal, inteligente, educada, bienintencionada, como cualquiera de nosotros, que llega a cometer este tipo de barbarie simplemente por la necesidad moral de obedecer a una autoridad establecida me hace temblar de miedo frente a la sensación de ser tan fácilmente manipulable.

Reafirmé el valor que le doy a tener criterio antes de obedecer y la importancia de la desobediencia.  Justifiqué mi animadversión al concepto militar de la obediencia debida y a seguir las normas “porque sí”, “porque yo digo” o “porque las normas están hechas para cumplirlas”. Recordé esta vieja conversación entre docentes y me sentí satisfecho, pues creo que todas esas horas de discusión en clase pueden haber valido la pena.

Recordé también las sensaciones tenidas estos últimos años lejos de Colombia, viendo desde la distancia las atrocidades cometidas por las autoridades en nombre de lo que consideran correcto, apoyadas por ciudadanos de bien que obedecieron ciegamente a aquel gobierno a pesar de saber, muy en el fondo, que muchas de sus acciones eran moralmente reprochables. Recordé la pasividad frente a la barbarie cometida por quien estaba enfundado en un velo de autoridad, y volví a sentir la frustración de ver a mi país manipulado.

Entendí también la gran importancia que tiene la iniciativa planteada por el Partido Verde, donde se busca establecer un procedimiento para que toda ley deba: 

Publicarse, Explicarse, Entenderse y Cumplirse.

Espero que vean los videos con atención y que, como yo, se indignen con nuestra capacidad de violentar al otro por hacer lo que en determinado momento creemos correcto. Ojalá esta entrada del blog sea un granito de arena para que con más frecuencia cuestionemos nuestros dogmas, nos rebelemos frente a la autoridad y no sigamos tragando entero.    

***
*El Padre Francis, rector del Colegio donde estudié y donde más adelante fui profesor, se encuentra hospitalizado después de un intervención quirúrgica.  Aprovecho esta entrada del blog para mandarle las mejores energías y desearle una pronta recuperación, al igual que reiterarle mi eterno agradecimiento por haber dedicado su vida entera a la formación de personas como yo.

 Experimento de Milgram: Parte 1 de 3


 Experimento de Milgram: Parte 2 de 3


 Experimento de Milgram: Parte 3 de 3


3 de septiembre de 2010

SÍNDROME POST-VACACIONAL: EL LEGADO

Se fueron las elecciones... y llegaron las vacaciones.  Se acabó la vorágine y el resultado fue el por todos conocido.  Perdimos los Verdes, ganó Juan Manuel - el heredero de Uribe.  Y el país por donde iba: “de culo pa’l estanco”, diríamos en Colombia. O por lo menos así pensaba yo.  La única opción: seguir adelante. Pero antes...vacaciones. Dejamos el guayabo y el dolor de patria para después.  

Desconexión total durante algo más de un mes, casi dos. Visita de la familia, paseo por la vieja Europa: la increíble red de carreteras alemana, el legado de Mozart, los maravillosos palacios de los Habsburgo,  la Casa de la Opera en Viena, el impresionante Danubio en Budapest, la bohemia Praga, la imponente Berlin, el romance de Paris, Londres... No alcanzan las palabras. Tres semanas de encuentro frontal con la historia, día tras día sintiendo el peso de generaciones y generaciones que estuvieron aquí mucho antes que yo y nos dejaron este pedazo de mundo absolutamente fascinante.  Hunos, romanos, prusianos, barrocos, renacentistas, napoleonicos, fascistas, nacional-socialistas, demócratas, comunistas, independentistas, músicos, artistas, políticos, monarcas, emperadores, cubistas, impresionistas, clásicos, neoclásicos, futuristas... Cuántos años y cuántos seres extraordinarios construyendo esta imperfecta sociedad, moldeándola y convirtiéndola en la que conocemos hoy. Cuántos legados, cuántas visiones del mundo, cuántos proyectos sobrepuestos los unos sobre los otros. Cuánta trascendencia para seguir vivos tantos años después...

Llega el regreso a la vida cotidiana.  La familia vuelve a Colombia y yo de vuelta a la realidad.  Acomodarse a trabajo nuevo, lavado de cara al blog e intentar seguir adelante.  De vuelta al guayabo y al dolor de patria, y a enfrentarnos con otro legado. Esta vez el del “mejor presidente de la historia”. El uribismo que abruma a Colombia.

Intentando reconectarme, busco en los períodicos y las revistas, hablo con los amigos y la familia, pregunto a los conocidos y a los no tan conocidos y no encuentro por ningún lado a ese “gran hombre” que acaba de dejar la presidencia.  Se acabó el gobierno de Alvaro Uribe (todavía me cuesta creerlo, qué felicidad!) hace alrededor de un mes y aparentemente su figura -y su legado- se han esfumado de la realidad nacional. Absolutamente sorprendente.  

El heredero hoy en día cuenta con una envidiable popularidad, irónicamente gracias a que desde el momento de su posesión ha sabido cambiar de tono y borrar al caudillo de todos los ámbitos. Nombró como ministros a quienes habían sido grandes críticos de su antecesor, invitó al presidente de Ecuador a su posesión y le entregó una copia de los computadores de Raul Reyes - a manera de desagravio por la incursión en su territorio. Le hizo saber a Alfonso Cano que la puerta del diálogo no estaba cerrada a las Farc.  Se reunió con Hugo Chávez en Santa Marta para “normalizar” relaciones.  Estableció como tema prioritario el desarrollar una reforma agraria para devolver las tierras a los desplazados (aquellos que según el anterior gobierno no existían, pues se habían convertido en migrantes, turistas internos). Tendió puentes con las Cortes y predicó respeto a la oposición. Y cuando sucedió el primer atentado terrorista bajo su mandato no se apresuró a acusar a las Farc - pidió prudencia y dejó entrever que existía la posibilidad de que la autoría fuera de miembros de la extrema derecha.  

Imposible imaginarlo más lejano a su antecesor. Dificil encontrar algo más opuesto al legado uribista. Y lo mejor (y lo más absurdo) es que la mayor parte del apoyo al presidente nuevo viene de aquellos furibundos uribistas que hace unas pocas semanas, henchidos de orgullo, llamaban mamerto y guerrillero a todo aquel que tuviese una opinión medianamente diferente a la de su caudillo.  

Definitivamente Colombia es un país maravilloso, difícil de descifrar.  Tendré que dedicarle más tiempo a leer y tratar de comprender cómo se forma la opinión pública en el país, porque no entiendo cómo pasamos del imperio del macartismo a lo que tenemos hoy en día, en menos de dos meses.   Tal vez aquel “legado uribista” no era más que una alucinacion impulsada por los medios, una cortina de humo (como tantas que bajo su gobierno supo tender), efímera y superficial, que se esfumó tan rápido como se generó.  Tal parece que lo que algunos se apresuraron en definir como “el mejor gobierno de la historia” no ha tenido más de un mes de trascendencia.  Fue simplemente un pequeño paréntesis en nuestra historia, ya de por si corta.

Vuelvo de vacaciones renovado, tranquilo, mesurado. Tal vez incluso hasta un poco más sabio.  La gran historia de la vieja Europa, con sus múltiples capas unas sobre las otras, con el peso de los siglos y los siglos, con sus maravillas y sus cicatrices, me ha otorgado la distancia para entender que nuestro pequeño ex-presidente no estaba destinado a acabar con el país, que su sucesor tampoco lo hará, y que todavía es mucho lo que tenemos por delante para construir.  

Se acabó el dolor de patria, pues hoy entiendo que eso que llamamos patria es y será siempre más grande que el gobernante de turno.  

Permanece la sana costumbre de desconfiar de quien nos gobierna, y de observar y participar vigilante de lo que pasa en nuestro país, a pesar de la distancia. Permanecen las ganas de trabajar para construir ese país capaz de maravillar a quienes lo visiten en uno, dos o tres milenios.  Sería maravilloso poder hacerlo con los actuales verdes, si sus líderes llegan a obtener la lucidez necesaria para ponerse de acuerdo, dejar de patinar en pequeñeces y asimilar la gran oportunidad que tenemos para generar un proyecto de verdadera trascendencia - que no se esfume como un legado vacío.

13 de junio de 2010

La Marea Fluye

Por Héctor Abad Faciolince

Hay un poema de Antonio Machado que siempre me acompaña en los momentos de desconsuelo.  Me lo recito en voz baja, como si fuera una jaculatoria, y produce en mi mente una agradable sensación de calma:

Sabe esperar,
aguarda que la marea fluya,
—así en la costa un barco—
sin que el partir te inquiete.

Todo el que aguarda
sabe que la victoria es suya
porque la vida es larga
y el arte es un juguete.

Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
 aguarda sin partir y siempre espera
que el arte es largo y, además, no importa.

Las mareas suben y bajan. Esto fue lo que ocurrió con la “Marea Verde”. Hicieron las últimas encuestas públicas con la marea alta, pero las elecciones nos cogieron con la marea baja. Y estamos mareados de desesperación y sensación de derrota. Pero la marea puede volver a subir, y si las elecciones del 20 nos cogen con la marea arriba daremos una sorpresa más grande que la derrota anterior. Con el pesimismo de la razón, pero también con el optimismo de la acción, debemos ir a votar, disciplinados y alegres, por Mockus y Fajardo.

El triunfo de Santos, de los sectores más corruptos y retardatarios del país y de las viejas clientelas políticas, será la continuación de nuestra tragedia. Ya se anuncia, además, el desmonte de algunos logros de la Constitución. Si un militar, aliado con paramilitares, decapita un niño en San José de Apartadó (como ya ha ocurrido), el militar será absuelto por la injusticia penal militar. Ocurrirán otras cosas nefastas: en pocos días adjudicarán a la familia Santos, aliada con una familia de franquistas de España, un nuevo canal de televisión del que es socio el actual vicepresidente (con una acción, sí, pero que vale varios millones de dólares). Así Colombia entrará en una era berlusconiana en la que el Presidente será también el dueño casi total de la información televisiva, con dos o tres canales a su servicio.

El PIN, como ya lo hizo en la primera vuelta, votará de nuevo por Santos. Votarán por él los neo narcos y ex paracos que han tenido vida cómoda —comprando tierras sin fin— en los ocho años de Uribe. Votarán por él los grandes contratistas del Estado, metidos también en el tercer canal. Esta semana una entidad independiente publicó el Índice Global de Paz. Entre 149 países del mundo Colombia ocupó el puesto 138, uno de los peores. Apenas nos ganan Irak, Afganistán, Somalia y pocos más. Después de ocho años “del mejor gobierno de nuestra historia” Colombia sigue siendo uno de los países más violentos del mundo. El menos pacífico de todo el continente americano. Hasta la horrenda Venezuela de Chávez está mejor que nosotros en materia de violencia.

Es probable que dentro de ocho días ganen la mentira (no aumentaré los impuestos), la picardía (la falsa voz de Uribe), los falsos positivos (muchachos asesinados a sangre fría y presentados como guerrilleros muertos en combate), la clientela de los contratos estatales y de los canales de televisión. Es probable. Pero los que no estamos de acuerdo con este estado de cosas, los colombianos a quienes nos repugna la violencia y la corrupción, tenemos que demostrar, por lo menos, que somos varios millones y que no nos dejamos hundir ni amedrentar. Que sabremos esperar. Que la marea volverá a subir y un día desterraremos este oprobio de Colombia donde los primos y los hermanos de los mafiosos son los grandes ideólogos del Poder. Para poder esperar, eso sí, tenemos que salir a votar masivamente, como una marea verde que sube, sube, sube.

Hay que apoyar este proyecto de limpieza. Contra la chavista Piedad Córdoba que llama a la abstención al unísono con la guerrilla nefasta; contra las nuevas mafias que están con Santos; contra el voto en blanco de Petro; por los alcaldes que más han hecho por las grandes ciudades del país; por los que creemos en un país verde, limpio y solidario. Tenemos que sudar hasta el último voto y demostrar que los hastiados, los indignados, los que no comulgamos con el oprobio, somos millones. Millones.

28 de mayo de 2010

Razones

En el proceso de escribir un texto para explicar las razones por las cuales creo que Antanas Mockus debe ser el próximo Presidente de Colombia, recibí este mensaje de un par de amigos con quienes en realidad compartimos muchísimo más que el tiempo que hemos tenido para compartirlo. Quise publicarlo en el blog porque su escrito explica perfectamente mis razones para votar por Antanas Mockus, y las razones por las cuales creo que mis hermanos, mis padres, mis tíos, mis primos, mis suegros, mis cuñados, mis amigos y todos aquellos que leen este blog deberían tambien permitirse el placer de votar verde.

Gracias a Cata y a Sergio por sus palabras.



NUESTRAS RAZONES PARA VOTAR POR ANTANAS
 


Cata y yo quisimos compartir algunas ideas que escribimos para un primo muy querido. Esperamos que contribuyan a la reflexión electoral.
 


Ya todos saben que nuestra opción es votar por Antanas. Tenemos el facebook lleno de girasoles y portamos con optimismo la manilla del partido verde. Creemos de corazón en esta posibilidad. Por eso, queremos mencionar algunas de nuestras razones.
 


1. La idea de tener un presidente - profesor realmente nos seduce. Nuestros 200 años de vida independiente comenzaron con gobiernos militares y de ricos hacendados. Y, haciendo honor a la verdad, pocas cosas han cambiado. Por eso, creemos que tiene un inmenso peso simbólico que nuestra nación opte por un maestro (de universidad pública, además). Eso nos dice que empezamos a preferir socialmente el valor de educar.
 


2. Nos sentimos plenamente identificados con el propósito de la legalidad que promueve la candidatura de Antanas. Estamos convencidos de que muchos de nuestros problemas radican en que hemos construido una sociedad "ilegal". Es decir, una sociedad "del atajo". Vivimos en un país en el que "todo vale", en el que las reglas no importan. En el que cada quien elige un fin propio, lo proclama como superior, y hace "lo que sea" para lograrlo. 
 
Y ese es un tema que nos afecta a todos. Pues son tan atajistas los ganaderos que decidieron contratar ejércitos propios para defenderse, como los ciudadanos que compramos repuestos baratos en Sanandresito, o los que tomamos una contravía para llegar más rápido a la casa, los que pagamos al tramitador, los que evadimos impuestos y los que le damos “pa’ la gaseosa” al policía que quiere ponernos un parte. 
 
En todos esos casos, nuestros intereses personales están por encima del interés general. Que es, precisamente, lo que significa y preserva la legalidad. Pues ley es lo que defiende el interés de todos. Lo que nos protege del deseo de unos pocos. Lo que nos da seguridad... Seguridad física para pasear y seguridad económica para hacer transacciones... Seguridad de saber que no te van a trampear... Seguridad de saber que le podemos decir a los niños que si pasan por las esquinas no los atropellarán.
 


3. Nos encanta que esta idea de legalidad es un reto de todos. Así es. El valor de la ley y de las normas, el reto de la convivencia no es un problema del presidente. Es un propósito en el que todos contribuimos. Por eso, votaremos por Antanas con la convicción de que, al hacerlo, nosotros mismos estamos adquiriendo un compromiso: el compromiso de la ciudadanía responsable. El compromiso de cambiar. Creemos que el inquilino de la casa de Nariño es tan sólo un funcionario público... Sin duda el más importante... Pero estamos seguros de que el país que queremos lo construiremos entre todos.
 


4. ¿Y por qué, si el reto es de cada uno, no da lo mismo votar por cualquiera? Porque lo que la propuesta del partido Verde nos garantiza es que el Gobierno va a respetar sus límites y que hará lo posible por cumplir con sus obligaciones. Que no habrá transacciones ni negociaciones. Que nos gobernarán con criterio técnico... Y eso nos brinda total tranquilidad. Porque Antanas no tiene cola burocrática, porque no se ha enriquecido, porque no es dueño de fortunas ni proviene de familias poderosas. Porque es un tipo como nosotros. Un profe... Un tipo al que le gusta oír más que hablar. Leer más que discursear. 
 


5. También nos gusta que no nos prometan cosas. Estamos jartos de los políticos que nos sacan votos a punta de repetirnos las necesidades que todos compartimos (y que todos sabemos). Preferimos que nos digan que vamos a tener que pagar impuestos, que no vamos a ganar millones y que la inversión no será sostenible si entre todos no cambiamos. Preferimos al político sin asesores, al que no se enfocó en su publicidad, al que se equivoca, al que duda. Preferimos que nos gobierne un ciudadano bien rodeado que un caudillo solitario.
 


6. Compartimos muchas de las dudas y críticas que se le han hecho a Antanas. En algunas cosas nos parece terco, en otras neoliberal y hasta un poco autoritario. Preferiríamos que tuviera una posición más comtundente frente a algunos temas y que fuera más claro. Además, reconocemos la calidad de varios de los candidatos. Sin embargo, tenemos la tranquilidad de que un voto por los verdes es un voto seguro... Lo hemos vivido en carne propia... Tanto en nuestra Universidad como dos veces en Bogotá... Por eso, nos encanta que en campaña nuestro candidato sea diferente... Queremos que se concentre en pensar en el reto de gobernar y no en una estrategia de venta que pone a la política en el mismo nivel mediático del jabón.
 


7. Creemos en el valor de la simpleza. Y sabemos que si los colombianos realmente nos metiéramos en la cabeza que "la vida es sagrada", que "los recursos públicos son sagrados" y que "con educación todo se puede", realmente viviríamos en un país mejor. No en un país perfecto, pero sí en un país en el que cada uno pueda expresar su libertad... Los retos de la equidad y de la atención social no dan espera... Pero, para solucionarlos, tenemos que dar, primero, un paso gigante... Tenemos que hacer que nuestro pacto social sea posible y estable. Tenemos que lograr la transformación cultural que estamos pidiendo a gritos. Esa transformación cultural sin la cual seguiremos siendo un país de mafias y grupos ilegales.



8. Votaremos por el Verde porque su mensaje es de optimismo, de creatividad y de humor... Nos encanta pensar en que nos puede gobernar un hombre que se ha disfrazado siendo adulto, que le da valor a los símbolos y que le quita seriedad a su propia vida... Nos sentimos identificados con una propuesta que no recalca en los problemas - ya muy diagnosticados - de nuestro país... Sino que piensa en soluciones. Y en soluciones diferentes... Que valora el arte, la ciencia y la innovación. 
 


9. Finalmente votaremos por el Verde porque sabemos que Antanas no es único... Peculiar sí, pero ni único ni indispensable. Más bien es un líder positivo. Porque si el proyecto de una nueva sociedad, basado en el compromiso de todos, "pega", el día de mañana elegiremos entre más y mejores candidatos. Ciudadanos normales con vocación de servicio.  
 


Realmente amigos, votaremos por Antanas porque queremos votar por nosotros mismos... 
 
Y por eso los invitamos a hacerlo también...

Cata y Sergio

(*****Si en algo te identifica este correo, siéntete en la libertad de circularlo)


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Bonus track...



25 de abril de 2010

Lo que Colombia merece, lo que nosotros merecemos.

El siguiente análisis es de un profesor de la Universidad Javeriana.  Oscar Hernández Salgar, Músico y Administrador Cultural,  Magíster en Estudios Culturales, Director del Departamento de Música de la Universidad Javeriana. (Parece que los Jesuitas se están poniéndo verdes… )









Ante la descarada omisión que los medios están haciendo de las propuestas programáticas de los candidatos presidenciales, cada vez es más necesario que los ciudadanos nos tomemos el trabajo de utilizar los medios a nuestro alcance para llevar la discusión a niveles más profundos. El debate de la semana pasada mostró un alto grado de trivialización del escenario político. Los medios están contribuyendo a menospreciar la capacidad de comprensión del colombiano promedio y sólo hacen ecos de programas de gobierno que se resuman en dos o tres palabras. Cuando alguien expone un concepto que va más allá de las consignas obvias, dicen que es confuso y que no tiene claridad.

Por eso es importante mostrar las propuestas de la forma más clara posible y tomarse el espacio necesario para destruir los mitos que se han ido creando alrededor de figuras como Mockus, a quien como no le pueden achacar ninguna relación con intereses oscuros (como a otros candidatos), le han terminado endilgando una pretendida debilidad de carácter acompañada de confusión de criterios.

Vamos por partes.

Juan Manuel Santos, que quiere mostrarse como el sucesor de Uribe, exhibe la bandera de la mano dura basado en su gestión como Ministro de Defensa. Desde esa posición elabora un discurso parecido al que impuso George Bush sobre el terrorismo hace ya varios años: 

“quien no está conmigo está contra mí”. 

La versión reeditada para la campaña es:

“quien no usa un lenguaje agresivo exclusivamente dirigido a las Farc, es un blandengue que se va a doblegar ante las exigencias del terrorismo”. 

Además de convertir a la seguridad democrática en una marca registrada, cuando se supone que es un deber de cualquier gobierno civilizado, esto conlleva el supuesto de que si alguien señala la necesidad de acabar con otras fuentes de violencia  (violencia doméstica o corrupción, por ejemplo), es porque se está haciendo el de la vista gorda ante el terrorismo de las Farc y va a echar al piso la seguridad democrática. Estos razonamientos son simplemente inaceptables, pero terminan siendo parte del sentido común de la mayoría de la población porque han venido siendo presentados en los medios con la misma persistencia irracional de cualquier emisora que quiere “pegar” una canción. Uribe se ha encargado durante los últimos ocho años de dejar muy en claro que en este país el terrorismo se llama la’far’ y que todos los males son culpa del terrorismo. A cualquier persona sensata esto le parecería una simplificación excesiva de la realidad compleja de un país como Colombia, pero la aceptación que tienen estas tesis es una evidencia de que la gente no quiere enredarse y busca cosas simples. La postura de Mockus es mucho más coherente y pertinente, pero no por eso es menos clara o menos sencilla. Lo que pasa es que en el estado actual de cosas, dicha propuesta requiere de una pequeña explicación para ser entendida (explicación que no tiene cabida en nuestros debates estilo reinado de Cartagena).

Aquí va la explicación:

El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley (por ejemplo usando la violencia) para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común, por citar unos ejemplos, los guerrilleros de las Farc, los rastrojos, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - “¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!”-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para “facilitar las cosas”. No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo. 

Así, en la propuesta de Mockus se pueden identificar dos premisas esenciales;
En primer lugar, el país tiene un problema cultural que no se puede achacar a un solo actor de forma exclusiva. Para ponerlo en otros términos, la seguridad democrática sería como la medicina alopática o convencional que ataca los síntomas (la’ far’) sin preocuparse por las relaciones sistémicas que hay detrás de esos síntomas. La propuesta de Mockus sería en cambio como la de la medicina bioenergética: tratar el sistema para que desaparezcan los síntomas. Intervenir directamente la cultura y crear un cambio de mentalidad para que no sea aceptable, bajo ninguna circunstancia, la violación de algunos principios básicos, como el respeto a la vida y el respeto a los recursos públicos. A esto se refiere Mockus cuando propone crear tabúes de manera que robar o matar sea igual de feo que pegarle a la mamá.

En segundo lugar, y yendo más adentro en la naturaleza del problema, tenemos un tremendo divorcio entre la cultura, la ley y la moral. ¿qué quiere decir eso? Quiere decir sencillamente que lo legal nos parece jartísimo, lo que nos atrae y nos entusiasma suele ser ilegal y el hecho de saltarnos la ley no nos provoca remordimientos. Así de sencillo. Por eso es frecuente oír por ahí que tenemos una legislación para un país como Suecia. Nosotros mismos no aceptamos que una legislación progresista sea para Colombia porque reconocemos que nuestra cultura menosprecia el valor de la ley. Y lo más grave: no nos importa. Porque, como en todo estereotipo, esto tiene un lado bueno -que es el famoso mito de la malicia indígena. Los colombianos nos las damos de vivos, de maliciosos, de astutos, y nos burlamos de los canadienses, los gringos y los austríacos porque nos parecen excesivamente ñoños. No hay que ser demasiado vivo para darse cuenta que es esa misma viveza la que nos lleva a pasar por encima de la ley sin que se nos mueva un pelo. Y es esa cultura de la trampa (la malicia indígena no es más que un eufemismo), la que ha sido alimentada por la ambición que trae el narcotráfico y que nos tiene metidos en una espiral de violencia que lleva más de medio siglo.

Ahora bien, ¿cómo se crea un cambio de mentalidad tan grande como para cerrar la brecha entre nuestra cultura y nuestra ley? Lo más interesante es que Mockus es precisamente el único dirigente político en el país que ha logrado cambios de este tipo desde una posición de gobierno. Voy a mencionar dos ejemplos muy sencillos: En la década de los ochenta era imposible ver a alguien en Bogotá manejando con cinturón de seguridad. Al finalizar la primera alcaldía de Mockus todo el mundo había desarrollado el instinto de ponerse el cinturón antes de arrancar. De igual manera, a principios de los noventa los peatones debían cruzar la calle entre los carros porque no existían cebras y mucho menos existía la conciencia de respetarlas. Hoy en día el conductor que queda atravesado en una cebra por un cambio de semáforo siente inmediatamente la presión de estar haciendo algo mal. Estos cambios no se lograron únicamente con mimos o con tarjetas rojas. Pero tampoco se debieron exclusivamente a las multas. Estos cambios se dieron gracias a la combinación de diferentes elementos. ¿Cuáles elementos? Pues precisamente los que permiten acercar la ley a la cultura y éstas dos a la moral. La multa funciona como una sanción legal, pero si no va acompañada de una presión social, el multado termina buscando la forma de evadirla y no llega a sentir culpa. El mimo funciona como el símbolo de una sanción social, pero si no va acompañado de una multa, no genera la fuerza suficiente para convertir el comportamiento en hábito. Por eso la estrategia se puede resumir así: combinar presiones legales con presiones sociales, en la misma dirección, para producir remordimientos y culpas por los actos ilegales. Por esa vía se lograron cambios importantes y duraderos en Bogotá que hoy a muchos nos siguen enorgulleciendo.

La pregunta es: ¿puede usarse el mismo razonamiento para resolver los problemas de Colombia? La apuesta es que sí se puede. De hecho es una apuesta que apunta a una mano dura, más dura que la del uribismo más recalcitrante. Por una sencilla razón: la mano dura de Uribe-Santos está dirigida a erradicar militarmente a la “far”. La mano dura de Mockus en cambio está dirigida a atacar jurídica, social y militarmente cualquier tipo de ilegalidad. Y sabemos que la tolerancia a la ilegalidad está detrás de todos los problemas del país. Desde la corrupción hasta el desempleo pasando por la crisis de la salud y el narcotráfico. El enemigo no es la izquierda o la derecha. El enemigo no es el que piensa distinto o el que se niega a darme la razón. El enemigo es la ilegalidad, en todas sus formas. Necesitamos que Colombia sea un país legal.

No es fácil, pero se puede. Se necesita una revolución cultural. Y para esta revolución se necesita un mandato claro. Por eso es importante que Mockus gane no raspando, sino con muchos, muchos votos.  No estamos pensando en ganar la campaña, sino en emprender la tarea gigantesca de cambiar a Colombia para convertirla en un mejor país. Si estas ideas le parecen convincentes, por favor vote por Mockus el 30 de mayo. Si le sigue pareciendo muy complicado y necesita algo más simple, puede seguir siendo uribista, conservador o mamerto.

Pero no diga que no se lo advertimos.






PD - seguimos recibiendo videos de Colombianos en el exterior apoyando la campaña verde.  Los estamos publicando en esta página web:


http://verdesenelexterior.tumblr.com/

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